El domingo pasado, 8 de noviembre, cerca de las tres de la tarde, me disponía a ingresar al palco oficial del Estadio Centenario, con el motivo de cubrir el encuentro para este blog.
El deseo del (in)sana pasión, así como el de los lectores, puedo suponer, era que el partido transcurriera en paz total, y sin incidentes, olvidando los lamentables hechos ocurridos en clásicos anteriores.
La policía había informado varios días antes del partido, las medidas de seguridad a tomarse, entre las que se destacaban las zonas de ingreso para cada parcialidad, y los elementos que podrían ser ingresados al estadio. De esta manera, el ingreso se dio de forma pacífica y ágil, lo que permitió evitar acumulaciones de personas en la entrada, situación que ha provocado la intervención de la policía en la mayoría de los encuentros deportivos de este tipo.
Pocos minutos antes de comenzar el encuentro, las parcialidades de ambos equipos ya comenzaban a dedicarse cánticos cargados de violencia, insultos, provocaciones. Si bien reconocemos esto como algo natural hoy en día, y que hasta algunos llegan a llamar "folclórico", es sabido como estas provocaciones han llevado a la violencia física y explícita en más de una ocasión.
Lógicamente, no se puede prever el momento en el que alguien, sin razonar, de comienzo a un conflicto violento. Mientras los jugadores desarrollaban su tarea, es decir, jugar, en la tribuna, cientos de inadaptados festejaban muertes de parciales rivales, festejaban conflictos anteriores y prometían seguir asesinando en nombre de su respectiva institución.
"Ya le matamos a uno/ le vamos a matar a dos", "otro manya va a morir", "no te pudo salvar ni la policía/ la noche de Maldonado nunca se olvida" (en referencia a unas corridas que se dieron durante un encuentro en dicho departamento), "vamos a matar un manya/ vamos a quemar el Cerro", son algunos de los fragmentos que pudieron ser escuchados en la tarde del domingo, parte de los cánticos de los simpatizantes que, en lugar de dar apoyo a su club, parecen estar más atentos a provocar constantemente al rival, como si aquello fuera a proporcionarles alguna ventaja en lo deportivo.
Sin embargo, y afortunadamente, si es que podemos tomarlo de esta manera, la posibilidad de un conflicto físico quedó allí. No hubo enfrentamientos entre parciales durante el juego, ni una vez finalizado el mismo.
Tal vez, las medidas tomadas anteriormente, y que explicamos en un artículo anterior, están comenzando a mostrar sus efectos. Quizás, el castigo sea la única forma de que los violentos entiendan que eso solamente les causará problemas.
El encuentro finalizó en empate a uno, y, probablemente, eso también haya influido a la hora de terminar la jornada con las aguas calmadas, donde parciales de ambos equipos procedieron a retirarse de la cancha con total tranquilidad, y sin intenciones violentas de ningún tipo, como si todos estuvieran conformes con lo sucedido esa tarde.
De todas formas, en (in)sana pasión agradecemos a todos los participantes, jugadores, simpatizantes, y quienes hayan estado presentes el domingo 8 de noviembre en el Estadio Centenario, por colaborar con la paz, y por permitir que, una vez más, y como siempre debió haber sido, el clásico haya sido una gran celebración para el país.
A pesar de que la violencia está presente en varios ámbitos de la sociedad uruguaya, son varios los clubes de fútbol en nuestro país que se ven constantemente afectados por los hechos violentos realizados por delincuentes que son identificados, de alguno forma, con dichas instituciones.
En la última década, y con una mayor fuerza durante estos últimos años, el Club Atlético Peñarol parece ser la institución que más ha sufrido los incidentes provocados por sus simpatizantes que, escudados tras los colores del club, utilizan el anonimato para golpear, asesinar, robar y destruir sin miedo alguno a ser reconocidos.
Son varios los sucesos que mostraron a una parte (afortunadamente minoritaria) de los hinchas carboneros participando de todo tipo de acciones.
No vale la pena enumerar cada una de estas situaciones, pero podemos recordar algunas de las más recientes.
El primer ejemplo que tomamos, ocurrió en el año 2010, en el marco de la Copa Haití - un partido disputado entre ex-jugadores de Peñarol y Nacional con el motivo de recaudar fondos para la reconstrucción del país caribeño, luego de que fuera azotado por un gran terremoto. El encuentro, que en lo previo suponía una instancia pacífica y de colaboración entre ambas parcialidades, terminó en un bochorno. Parciales de Peñarol, que habían comenzado a provocar a los de su rival, decidieron enfrentarse también con la policía encargada de vigilar las tribunas. En una secuencia de hechos lamentables, podemos ver, en el siguiente video, cómo los barrabravas logran agruparse y hacer retroceder a los operativos policiales, además de atacarlos con proyectiles y armas de fuego.
En segundo lugar, destacamos la imagenes tomadas por un simpatizante de Peñarol en medio del encuentro en que los Carboneros enfrentaron a Juventud de las Piedras en diciembre de 2012. Una vez más, un partido que no parece ser importante teniendo en cuenta al rival que enfrentaba el equipo mirasol: sin embargo, los barrabravas encontraron la forma de hacer reaccionar a los operativos policiales una vez más. En el video que mostramos a continuación, podemos ver como algunos simpatizantes buscan calmar la situación, si bien el resto de los hinchas presentes en ese sector de la tribuna atacan a los integrantes de la policía con insultos y lanzando objetos contundentes, mientras estos se defienden arrojando bombas de humo y gas lacrimógeno. (Advertimos que en el siguiente video se escuchan varios insultos y destratos a los policías por parte de los integrantes de la barrabrava de Peñarol).
Los dos sucesos que dejamos para el final, ocurrieron en este mismo año. El primero de ellos, se dió en el partido clásico entre Peñarol y Nacional por la Final del Campeonato Uruguayo 2014-2015.
El partido había sido intenso, ya que Peñarol, luego de ir perdiendo por dos goles contra cero, había logrado empatar, cerca del final del partido, a Nacional, forzando así un alargue reglamentario que definiera la Final. En el alargue, Nacional logra convertir el tercer gol que lo coronaba como campeón uruguayo, hecho que desató el descontrol en la parcialidad aurinegra. Una vez más, destrozos en las tribunas, incidentes con la policía y provocaciones al rival terminaron afectando no solo a los hinchas de Peñarol, sino también al equipo en la cancha, ya que el árbitro decidió finalizar el encuentro antes de lo previsto, prohibiéndole a los jugadores carboneros buscar el empate a falta de más de siete minutos para el final del partido. Las consecuencias de esa fecha son conocidas para todos: Nacional se consagró de forma automática como Campeón Uruguayo, mientras que Peñarol no solo perdió el título, sino que debió pagar una multa de 500 Unidades Reajustables ($405.275), además de perder un punto para el siguiente Torneo. Vale la pena ver los primeros minutos del video extraído de la transmisión de la empresa Tenfield, dónde se ve cómo los periodistas relatan los lamentables hechos, y muestran cómo los barrabravas siguen condicionado lo que ocurre a nivel del campo de juego:
Por último,resaltamos lo ocurrido en la madrugada del 28 de setiembre de 2015, en los festejos por el cumpleaños número 124 de Peñarol. Teniendo en cuenta lo ocurrido en años anteriores, la directiva del club emitió un comunicado convocando a los simpatizantes a festejar el evento por barrios, y no en la Rambla de Montevideo, ya que en 2014, varios hinchas habían realizado destrozos por la zona.
Sin embargo, muchos de los simpatizantes decidieron hacer caso omiso al comunicado del club, acudiendo al lugar y generando destrozos una vez más.
En la nota de El País publicada el 28 de setiembre de 2015, titulada Destrozos tras los festejos de los hinchas de Peñarol, se detallan muchos de los destrozos realizados, sobre todo, de algunos locales y autos que se hallaban en la zona de Pocitos.
Estas, y muchos hechos lamentables más tuvieron que suceder para que, finalmente, el Club Atlético Peñarol decida tomar medidas extremas frente al claro y evidente problema que hace años lo afecta.
Según la noticia Peñarol dispuesto a apagar el fuego, de El País, son 105.000 dólares los que Peñarol ha tenido que abonar en forma de multa desde enero de 2014 hasta la fecha, debido a destrozos e incidentes provocados por sus hinchas.
La directiva de Peñarol, a través de su Secretario General, Gervasio Gedanke, manifestó que "se terminó la política de tratar de incluirlos (a los barras), de tratar de llevarlos por un determinado carril. Ahora la política es separar a los violentos".
Con el comienzo del nuevo Campeonato Uruguayo, los carboneros tomaron la decisión de suspender el derecho de socio del club a cualquier individuo que se viera identificado en situaciones violentas y criminales. Además, el club tomó la polémica decisión de solo dejar entrar a socios del club a la Tribuna Ámsterdam- tribuna ocupada por la barrabrava del club- con el fin de tener un mayor control de quienes ingresen a la misma. Esta medida provocó un gran descontento en aquellos hinchas que no son socios, y que ahora deberán acudir a otros sectores del estadio, sin embargo, el club parece no ceder en esta nueva postura de combate contra la violencia en el fútbol.
Lamentablemente, el problema de la violencia ataca no solo a Peñarol, sino a la mayoría de los clubes del fútbol uruguayo. De todos modos, en (in)sana pasión, apoyamos las medidas tomadas por el club aurinegro, y convocamos a todos los lectores del blog que no solo respeten las reglas, sino que se propongan llevarlas a cada una de las instituciones a las que pertenezcan, para lograr, de forma definitiva, acabar con este mal.
En (in)sanapasión nos interesa saber qué es lo que piensan los uruguayos sobre la violencia en el fútbol. Para eso, elaboramos el siguiente cuestionario que nos ayudará a analizar la situación en la que vivimos actualmente. Animate a contestarlo y ayudanos compartiendo tu postura.
Estaremos publicando los resultados dentro de dos semanas.
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